Dicen, que cuando dos pistoleros de leyenda coinciden en una ciudad, el cielo se oscurece, huele a tormenta. Pero esta vez, la lluvia suave que cae bañando los techos es solo un presagio de bienestar. Por un lado, lluvia necesaria. Por otro el poder disfrutarla desde dentro del hogar es un previlegio.
Desde mi ventana veo el patio con sus limoneros. Sus hojas brillan. Tienen el baño exacto para que sus frutos den el jugo para tantas cosas. Sí, lluvia bendita, ideal para los campos, necesaria para muchos.
Esta vez no fue necesario el encuentro de dos pistoleros para que el cielo descargue sus aguas. Es lluvia buena, para contemplarla.
El cristal de mi ventana tiene las perlas de la lluvia. Estan ahi pegadas. Algunas lentamente se deslizan. Otras se quedan, explotan con la llegada de otras gotas. ¿Quién no escribió su nombre en un cristal un dia de lluvia?. ¿Quién no escribió iniciales y lo rodeo con un corazon grandote? ¿Quién no escribió un "te amo" para borrarlo con urgencias? ¡Ahh, bendita lluvia, no detengas tu andar descendente, sigue un rato más, yo te acompaño!.
Ustedes me diran, que estoy pensando, solo trato de contarles que la lluvia, ese fenómeno natural, puede tener tantas cosas lindas como la magia de buscar excusas para matar el tiempo. Disfrutar un dia de lluvia, buscar la fórmula antiestrés para no aburrirte, ordenar las fotos que desde tiempo te estan pidiendo un album, buscar en ese libro la hoja doblada, señal donde dejaste tu última lectura. Hay tantas cosas para hacer, cosas que solo se te ocurren precisamente un día de lluvia.
Y en eso estaba cuando de pronto, vi lo que creí estar buscando. Un viejo costurero, que en sus mejores años fue un hermoso envase de caramelos. Ahora es refugio de botones, dedales, bobinas de hilos, otra vez botones, más grandes más chicos. Y de pronto, ahí, justito ahí, debajo de esa almohadilla, de esas que estan crucificada por mil alfileres, una moneda. Sí, una moneda de las nuestras. Una moneda con el sol ya sin color, "una moneda de diez centavos", "diez guita". ¡Cuánto tiempo hacía que no la veía!
La tomé en mi mano. La pasé por mi cuerpo buscandole el brillo, y así, como si fuera un lamento pero con voz firme llego un reproche:
-"¡Que haces, papafrita...! Por fin me sacaste de este tarro de m.... Sí, ya sé, no diré lo que pienso, pero ahora me tendrás que escuchar! Decime, papafrita, ¿para que me trajiste a Europa? ¿Para condenarme a cadena perpetua dentro de este tarro lleno de botones? ¿Para eso me trajiste?
-Sí, ya se. Vos ni te acordas cuando un día paseando en Buenos Aires, recibiste un vuelto y casi sin mirarme me tiraste en tu bolsillo. Ahh pero no sabes. Ese dia me encontre con varias moneditas que parecían de mi familia. Peero al hablar me di cuenta por su acento, eran Pesetas Españolas. No te cuento el susto que me di. Me acurruqué en un rincón de tu bolsillo y ahi "june a las galleguitas". De a poquito nos fuimos acercando. Me dijeron somos monedas españolas ¿y vos? Yo soy Argentina, y le mostre orgulloso mis espalda. Quería mostrarle el "10". ¡El mismo "10" que lleva Diego! Y así, charlando nos fuimos conociendo. Ellas me contaron de su viaje y yo les conté mis aventuras.
¡Y esto va para vos.. escuchame papafrita..! Mi primer destino, un banco. Cuatro clientes esperaban en la cola. Yo estaba ahí, nervioso, ¿quién de todos me llevaría? Y fue un anciano, un viejo jubilado que separo sus cuatro billetes. Y a mi como soy pequeño me tiró dentro del bolsillo, pero cada tanto me tocaba. Quería estar seguro que de ahí no me moviera. Después, un almacén. Fui cambio de un billete. Me llevo una gorda rezongando por los precios. Uyy, si te cuento. Viajaba todo el dia, cruzaba la ciudad en taxis o colectivos. Fui alimento de bolsillos flacos, que de madrugada me buscaban. Era la pobre compañia que les permitía llevarlos al laburo. Sí, "diez guita", poca cosa. Pero cuando estaba en los bolsillos era el primer eslabón para llegar al choripán y al vino tinto!! Muchas veces baile haciendo ruido cuando caía dentro de un plato. Fui limosna de mendigos, me acariciaron con olor a pizza de otros dias! Fui testigo mudo de "timbas" de trastiendas, me "embronqué" mil veces cuando me ponían de "florero". ¿Quién iba a apostar por mí si soy "diez guita"?
Sin embargo, fui feliz cuando un abuelo le regalo a su nieto un puñado de monedas. Ahí alimenté un "chanchito", hasta que un dia me cambio por caramelos. ¿Sabés las veces que andube por el suelo? ¡La pasé "canutas"! ¡Y vos me prometés el cielo! Me traés a Europa y me tirás en este tarro que hasta el dedal tenía mejor suerte. Salía cada tanto y yo por dentro le deseaba los mejores pinchazos. Tengo bronca, perdonamé pero debía decirlo. Hace años que lo tengo aquí guardado, y ahora que me animo. Te lo digo de una vez: ¡'"prometeme que me llevarás de nuevo a nuestra tierra"! ¡Juralo que lo haraz, dale viejo yo soy de alla, como vos! ¿O acaso no te dan ganas de volver con tus hermanos? Te pido por favor que me lleves, ¿y sabés? Te escuché mil veces hablar de tu querido Pueblo. Si hasta aprendí a nombrarlo. Se de sus costumbres, de esa plaza cubiertas por semillas, si mi viejo, no me falles. Llevame un día y en esa plaza... ahí, como si cayera una lágrima me dejás caer. Estoy seguro que no pasará un instante, que un grito de "purrete" gritará: "mira.. mamá diez guita". ¿Y sabes? Volveré a sonreir. Si, estoy seguro, como vos sonreirás cuando vuelvas. Prometelo que lo haraz, dale viejo, no me falles"!!!
La pase nuevamente por mi cuerpo , la miré de nuevo, y el brillo del sol me tiró un guiño. La apreté muy fuerte. La sentí más mía. Mis ojos tambien tenían brillo. Eran esos amagues de querer volver que veces llegan. ¡Y todo por vos, querido amigo!
Ya la lluvia había cesado. El sol era promesa de buen tiempo. Esta ves los pistoleros eran amigos, esos amigos que de ves en cuando, cuando llueve se les da por contar cosas. Como vos, igual que vos moneda amiga. Y te prometo, te llevare conmigo, ahi, a nuestra tierra, tal cual me lo pediste!
Un fuerte abrazo.. desde Barcelona..!!
Ernesto!!
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