Cuánta razón tenía Ernesto Aguirre, hábil memorista de una realidad siempre presente, cuando en algún mensaje anterior decía que la esquina de Shmil, nuestro conocido vendedor de mirasoles (comerlos mientras caminábamos en uno o en otro sentido alrededor de la plaza, era una de las costumbres más características de nuestra vida pueblerina) servía como punto de referencia para ubicar cualquier otro lugar del pueblo!
El también apuntaba, correctamente, que las calles no se identificaban por su verdadero nombre, que posiblemente nadie en el pueblo conociera, sino por algún edificio importante o alguna institución que se encontrara en ellas: la calle de la Mutua, la calle de la Kadima, la calle Virginia ... (¿se preguntaron alguna vez por qué se llamaba la calle Virginia y no la calle Palacios? Pensemos que por allí uno se podía dirigir hacia cualquiera de ambos destinos).
Pues bien... Consideremos todas esas referencias. A media cuadra de la esquina de la plaza, caminando hacia la calle Virginia, frente a lo de Shmil pero un poco en diagonal y casi frente al almacén de los Kaplinsky, tenia su local de negocio don Pedro Glasberg. Si hoy quisiéramos ponerle un nombre a ese negocio, lo llamaríamos el ´kiosco de diarios y revistas del pueblo´.
Efectivamente, don Pedro Glasberg era el encargado de vender todos los diarios y revistas que se editaban en el país y, tal vez, algunos de los que se editaban en el exterior. Los diarios se despachaban desde Buenos Aires por la mañana por ferrocarril y llegaban a Palacios al crepúsculo, así que según los días, a las diez u once de la noche don Pedro Glasberg los esperaba para entregarlos a los habituales clientes.
Muchas veces, cuando los diarios llegaban tarde, se anunciaba ese hecho con una bomba, que era en el pueblo una forma de anunciar algún acontecimiento importante. Siempre se tiraban bombas cuando había días festivos y noticias trascendentes. Entre paréntesis, el que tiraba las bombas según creo recordar, también era el encargado de la pegatina de avisos en todas las esquinas del pueblo. En una palabra, el responsable del ´multimedios´... Volvamos a Don Pedro. El tenía una sistema de suscripción mediante el cual los clientes de cada publicación estaban numerados, de modo que no equivocarse cuando las recibía y las entregaba. Así todos estaban seguros de recibir el tradicional ´Idishe Tzaitung´ (El diario israelita), con las noticias del día anterior, o el Billiken, que llegaba los días miércoles y que esperábamos ansiosamente despiertos, sin acostarnos hasta estar seguros de que hubiera llegado.
Don Pedro también vendía billetes de lotería. Tenía clientes esporádicos, de aquellos que compraban un billete de tanto en tanto, y también tenía clientes fijos, a los cuales les reservaba y les vendía algún número fijo.
Un buen día, aparentemente por alguna infidencia, se supo que una persona (cuyo nombre no retengo) era habitual comprador de un determinado número de billete. Según las malas lenguas, se atribuye a Shmil la idea de poner en escena una verdadera obra de teatro: tuvo la ocurrencia de hacer correr la voz de que ese número había sido favorecido en el sorteo. Un viernes por la noche, día del sorteo de la lotería, encargó que tiraran una bomba. Ante tal hecho, mucha gente se acercó a la plaza para ver que acontecimiento importante podía estar ocurriendo.
El punto neurálgico era, precisamente, la esquina de Shmil, y a todos los que llegaban él se encargaba de contar que el número de lotería que había salido era el de un vecino del pueblo. ¡Pavada de noticia!... No hubo un solo vecino que no se interesara en felicitar al ´favorecido´, quien de repente se encontró con una noticia inesperadamente feliz... ¡sin saber que era una verdadera cargada!
¿Cuánto duró el chiste?... Aparentemente hasta el otro día. Pero así como se ha sabido de este tipo de historias entre compañeros de una oficina, así ocurrió en este caso, pero participando en la broma todo el pueblo. Otra anécdota más que puede quedar en los anales de la gracia y la picardía de un pueblo que tuvo de todo.
Hasta una próxima.
|