Mi mensaje número 955, referido a la historia que tuvo como centro a Shie (a quien lamentablemente confundí con Shmil) y al sorteo de la lotería, generó una gran cantidad de respuestas. En primer lugar, de Abraham Temkin, Flory Mitnik y Chela Trumper, quienes enviaron mensajes advirtiendo sobre el error. Me ha llegado también un envío de Teresita Gelburt, quien reitera que Shmil fue un personaje querible de Moisés Ville. Recorría el pueblo de casa en casa con sus canastos para vender frutas y verduras. ¡Con razón me sonaba su nombre! Lo recuerdo perfectamente llegando a nuestra casa y a mi madre o a mi bobe comprándole su mercadería. Luego Mario Jeifetz (en colaboración con Ernesto Aguirre) nos hizo aparecer la figura de Moishe Tschurik, el repartidor de diarios y revistas, un personaje muy especial, un hombre sumamente instruido, gran lector ... pero también gran bebedor de cerveza.
Ahora aparece en mi memoria el nombre de otro gran personaje de Moisés Ville, en este caso una mujer, a la que recuerdo como una verdadera pionera, alguien que puso a disposición de la comunidad gran parte de sus fuerzas y sus capacidades: me estoy refiriendo a Frida Gutman.
Freide (como se la conocía) Gutman había nacido a finales del siglo XIX, apenas diez años después de la fundación de Moisés Ville, y vivió allí hasta la década de 1970. Luego se fue a vivir a Beer Sheva, en Israel, en donde falleció a la avanzada edad de 104 años. Freide fue una activista incansable. Dueña de una personalidad excepcional, no había actividad comunitaria que no la tuviera como centro, o simplemente como apoyo. Así, participaba incondicionalmente en infinidad de emprendimientos.
Su casa estaba permanentemente abierta para todo tipo de reuniones, y todas las personalidades que venían al pueblo la visitaban. No me animo a confeccionar una lista de todas las conquistas debidas a su intervención. Estoy seguro que esa lista no sería completa, ya sea porque muchos logros tal vez no los conozca, y otros seguro no los recordaré. Lo que sí puedo decir es que ella mantuvo con mis padres una relación afectuosa muy estrecha, por lazos familiares pero también por amistad.
La última vez que la vi fue en 1989, en ocasión de la gran fiesta del centenario del pueblo. En ese momento ella contaba con 90 años. Tengo frescos en mis recuerdos su figura y su temperamento, impactantes a pesar de esa edad.
Y conservo también en mi memoria esta pequeña anécdota que paso a relatar.
Yo había llegado a Moisés Ville desde el Chaco en compañía de mi hermano Héctor, luego de viajar en auto casi 8 horas. Mis padres, que habían vivido en Moisés Ville tantos años y que en ese momento contaban, con 83 años mi papá, y con 77 años mi mamá, lamentándolo, habían desistido de acompañarnos, pensando en lo sacrificado que sería ese viaje para ellos.
Nos enteramos que Freide Gutman ya estaba en el pueblo y se hospedaba en la casa de Matilde Silberman. Hacia allí nos encaminamos. Cuando nos recibió, por supuesto, no sabía quienes éramos. Ya hacía bastante tiempo que había perdido la vista, pero aunque la hubiera tenido, tal vez no nos hubiera reconocido: desde nuestro último encuentro había transcurrido mucho tiempo.
Cuando nos identificamos, se alegró enormemente. Nos abrazó con efusividad e inició con nosotros una conversación en la que hizo gala de una memoria prodigiosa. Y en un momento de la conversación nos preguntó por mis padres.
- ¿No vinieron? - fue lo que preguntó.
- No - le contestamos. - No se animaron porque el viaje les pareció un poco largo y cansador.
- ¡Claro!... - dijo de inmediato - ¡Son gente mayor!
... Eso lo decía ella, esa mujer de 90 años que había llegado desde Israel, en primer lugar cruzando el Atlántico hasta Buenos Aires, y luego desde la Capital a Moisés Ville, en un viaje extenso y sacrificado, pero deseosa de no perderse el gran acontecimiento. Eso lo decía esa mujer que, en ocasión de su cumpleaños número 100, celebrado en Israel, dijo que ´si volvía a Moisés Ville seguro que viviría otros cien años´.
Todo un ejemplo. Y éste, mi pequeño homenaje.
Hasta una próxima.
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