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Golpes en la puerta

Mario Garber


 

 

En un mensaje enviado hace un tiempo, un narrador habitual de estas paginas (creo que se trata de Ernesto Aguirre) nos describia la plaza de Moises Ville y, en un inventario detallado, dedicaba varias lineas de su relato a repasar la lista de los edificios mas conocidos de sus alrededores.

Precisamente esta historia, que llego a mi conocimiento a traves de familiares de alguno los propios participantes, tiene que ver con el propietario de otro de los edificios ubicado frente a la plaza. Solo que este edificio en particular no esta mencionado en aquel listado.

Veamos la historia. Pasando el salón de la Kadima, por la misma vereda y casi al llegar a la esquina siguiente, tenía su vivienda y su consultorio el Dr. Fink, odontologo de Moises Ville durante muchos años. Todos (o casi todos) los que vivimos en el pueblo debimos haber pasado en algun momento por su sillón y sentido las ´delicias´ de su torno, a veces movido por electricidad y otras, demasiado numerosas para mi gusto, por un pedal. Ese es el edificio al cual me estoy refiriendo.

En la puerta de su domicilio, a modo de llamador, el Dr. Fink tenia instalada una aldaba, una pieza de hierro que se accionaba con la mano para producir los golpes sobre una base del mismo metal y, de ese modo, avisar al dueño de casa que alguien deseaba entrevistarlo.

Una tarde, a un grupo de chicos bastante traviesos, muy pícaros y aparentemente sin demasiadas actividades con las cuales entretenerse, mientras daban el tradicional paseo alrededor de la plaza, se les ocurrio una ´inteligente´ (para ellos) idea: se cruzaron hasta la vivienda del Dr. Fink y ataron a la aldaba un largo hilo. Luego, hicieron pasar el hilo a traves de un arbol ubicado en la vereda y lo extendieron hasta otro arbol de la vereda del frente, esto es, en la propia plaza. Hecho esto, se sentaron en uno de los bancos vecinos con el extremo del hilo en sus manos, todos con la vista hacia el centro de la plaza.

Entonces tiraron del hilo... ¡Por supuesto!... El tirón acciono la aldaba y ese movimiento produjo el habitual llamado, interpretado claramente por el Dr. Fink como que alguien deseaba visitarlo. El odontologo se acerco a la puerta para ver quien llamaba... pero no vio a nadie. Un poco sorprendido por ese hecho, el odontologo observo a ambos lados sin ver a persona alguna, de modo que volvio a sus ocupaciones.

Unos segundos despues, un nuevo tiron del hilo... y otro golpe de la aldaba. Otra vez el Dr. Fink recorrio el pasillo desde el interior de la casa hasta la vereda... para volver a descubrir que no habia nadie. Esta vez, doblemente sorprendido, se imagino alguna cargada: sin duda, alguien le estaba tomando el pelo. Hombre (tal vez) de pocas pulgas, esa posibilidad lo irrito, asi que salio a la vereda con la pretension de descubrir al responsable de tan tamaña molestia. Miro hacia ambos lados. Por la vereda, en las cercanias de su domicilio, vio que no caminaba nadie. Luego miro hacia la plaza, pero solo descubrio que, frente a su domicilio, sentados en un banco, un grupo de chicos jaraneaban y se divertian con alguna cosa que pasaba en el centro de la plaza.

Resignado, volvio al interior de su casa. Al rato, otro tiron del hilo... y otro golpe de la aldaba. Ante esta tercera llamada, el Dr. Fink trajino nuevamente su pasillo. Pero esta vez tenia en la mente una respuesta para sus dudas, y al salir a la vereda, no miro a los alrededores para descubrir al posible responsable de sus incomodidades. Esta vez... ¡miro a la aldaba!... Así descubrio el hilo delator. Cuando lo siguio con la vista, comprendio claramente la jugarreta: el grupo de chicos que, sentados en el banco de la plaza estaba desternillandose de la risa, no se divertia con algo que pasaba en la propia plaza. ¡Se estaban divirtiendo con el! A grandes zancos cruzo la calle para dar un merecido a los traviesos... pero ellos fueron mas rapidos y escaparon para todos lados.

Esta risueña historia que involucra a un conocido habitante de Moises Ville, quedo grabada en los recuerdos de quienes la vivieron y la conocieron, y me parece una buena idea publicarla para conocimiento de todos los que se acerquen a leer algo sobre nuestro pueblo.

Hasta una proxima.

 

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