Moises Ville - www.mville.com.ar
 
Hypercuento futurista
Jaco

 

 

El presente se escribe con el futuro...
Desperté otra vez. Mis brazos estaban juntos, uno sobre el otro. Nada de fuerza, pensativo.
Difusamente, observaba como el techo de metal gris se teñía de azules y celeste. Veía el amanecer dibujado por un láser. Nubes en movimiento, el sol asomando tras las copas, una manada de búfalos. Todo dirigido por brisas enroscadas en gruesas ramas y verdes praderas. Tanta naturaleza me dejaba sin respiro!
En ese momento me pregunté: la máquina que maneja estos mecanismos entiende tal belleza? Pintar un astro es muy distinto de sentirlo. ¿Cómo lo percibirían?
Pasaron 3 ó 4 minutos. Me levanté. En ese instante la cama se plegó y otra luz dibujó mis ropas.
Desee ver una imágen de mis abuelos. Y eso activo una orden. Inclusive el computador me trajo una vieja filmación dónde estaban ellos con sus padres. La hora no era precisa, pero según sus cálculos era del 30 de julio de 1995, entre las 23 y las 23:10. Sus trajes eran raros. Más grandes que sus cuerpos. Y no me parecía que eran de luz como los de hoy.
Me senté a trabajar. Mientras atendía el cybermercado contesté el recado de mi esposa. Dicho sea de paso, estaba en plena Estación Orbital K-45 de vacaciones.

Busqué de nuevo el mensaje. Una imágen tridimensional de mi esposa se calcó en el aire.
-Hello, querido! No te imaginás que lindo es todo. Tendrás que verlo! Nada que ver con Buenos Aires. Oxígeno, lindos lugares. El descanso me vino bien...Anoche escuchamos tango...Sí, tangooo! Acá esta de moda...Shalom!...........Ha! Vuelvo la otra semana!!!
Desaparecieron los brillos.
De imprevisto escuché una voz eléctrica.
-Jack, extrañás a tu esposa!
Supuse que las horas de trabajo, y la vista fijada en el monitor me estabas jugando una mala pasada. Pero unos minutos más y nuevamente alguien dijo:
-Jaaack. Tengo que decirte algo! Me vas a escuchás?
Nadie estaba en la habitación. Sólo la máquina y yo...

Opciones


Seguís como si nada.
La computadora repite la frase:
-Jack. Me hiciste enojar...
-Vos sos un objeto. Los objetos no hablan...-gritaste golpeando el teclado.
Un silencio crispó la sala. El monitor se tiñó de rojo. Vos, trataste de tapar tus ojos pero ya era tarde. La ira del computador llegó a tí. Inclusive, lograste sentir como un manojo de corriente inundaba tu cerebro.
Una semana más tarde, tu esposa llega y te encuentra en el sillón, ciego y con las manos quemadas.
La computadora, en la esquina de la habitación se enciende nuevamente, sola...

Final.


Corrí a la salita de control. Bajé todos los interruptores, absolutamente todos. La casa quedó a oscuras.
Con las manos, tocando las paredes llegué al living, justo al lado donde se halla la máquina. Continué, hasta la puerta de salida. Quice salir, pero la cerradura esta atorada.
-J..-escuché tenuemente-J...a...ck...-y se encendió el aparato. Centellante, brilloso, como si nada.

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