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La nueva tierra - Segunda parte
Ernesto...Desde Barcelona

 

La vieja calle perfumada de tilos. Solo se diferenciaba de las demás del barrio, por un curioso cartel luminoso. Que entre varios colores, se leía desde lejos "Pension - Alojamiento"..

Los colores iluminados, jugaban en el frío asfalto, pero tambien penetraban tímidamente en la habitación del segundo piso. Lo hacía entre las separadas persianas, ya descoloridas quemadas por el sol.

En su interior, no habia lujos ni detalles de buen gusto. Todo era un desorden. Papeles, maletas a medio llenar, un escritorio con libros, un velador. A su lado, como único adorno, una fotografía enmarcada. En ella, el rostro de una mujer joven. Muy bella. Cabellos moreno y labios sonrientes. Existía una escritura o una firma, pero era ilegible. El paso del tiempo quizás, habían borrado el mensaje.

Sobre la cama, un cuerpo extendido. No estaba acostado, simplemente caído. Solo su corbata desatada, desaliñaba su vestimenta. Sus manos aferraban una cartulina enrrollada, sujetada por una banda de color descansaban sobre su cuerpo. Cada tanto, la elevaba a sus labios, como besando o simplente golpeando sobre su frente. Con un gesto diciendo "aun no lo creo"!

Sus ojos, recorrian el duro papel, donde entre sellos de tinta y de lacra se leía con letras cursivas "Médico Veterinario", una fecha, algunas firmas y la satisfacción en su mirada. Era imposible borrar la imágen recibiendo su titulo. Lástima grande fue que solo él vivió el momento. Quizás era el único que no tenía el abrazo familiar. Estaba solo ante tanta felicidad, estaba feliz, muy feliz casi llorando. Quería abrazar y compartir, pero la soledad de su habitación le mostraba su única compañia, el rostro de su amor. La llamaba "princesita", su nombre: Virginia !!

Casi sin querer, comenzó a recordar, cuando su tío Isacc, lo acompañó ese día."La pensión es buena, yo estubé mucho tiempo y el tano Nicola es un caballero". Y fue así. Un hombre de barriga grande, una faja negra a modo de cinto. Y entre un guiño complice mirando a mi tío , me dijo: "mocito, nada de signorina, oste viene a estudiare, así que ya lo sabe". Sana advertencia Don Nicola, aún me río!

Mi padre vivía por la siembra. Era su objetivo. Preparar la tierra, sembrar y esperar el trigo. O tal vez el fracaso, quién lo sabía. Nadie. Fueron años de lucha, de escuchar consejos, de rogar por lluvias que no llegan o espantar langostas.

Solo el consejo de su amigo Cantalicio Sosa, le traía calma. El viejo gaucho le enseñó mil cosas. Montar a caballo, poner alambrados, hacer las tranqueras, aprovechar los tientos para hacer los lazos, curar bicheras. O saber si el viento que viene del norte no trae las pestes, o si el granizo golpeará muy fuerte rompiendo el sembrado. Cuantas cosas aprendió del viejo. Si me parece escucharlo con sus "buenas.. buenas" bajando del zaino..!!

Papa, nunca olvidó su rezo. Sus oraciones las decía en silencio. Asistiamos a una sinagoga muy cerca del Pueblo. En el camino, todo era una fiesta. Muchas veces, me dejaba tomar las riendas de la "jardinera". Papá era estimado entre las dos culturas. No había paisano que no saludara. Su estampa de extranjero ya había quedado en su viejo baúl que mi madre guardaba. Su rostro quemado por el sol lo hacía uno más entre los criollos! Su viejo acento, ya se codeaba con palabras sueltas de su nuevo idioma."La castilla" como él la llamaba!

Un día, cuando el sol caía, un paisano llegó al galope hasta casa. Traía una mala noticia, Cantalicio Sosa había muerto. Nunca vi llorar a mi padre. Pero ese día, se fue hasta el viejo árbol que fue testigo de su primer encuentro. Aun lo veía con su zaino viejo cargado de abrojos. Su viejo rebenque quedó como herencia!

Mi escuela era el jardin, el recreo, la maestra y mis primeros amigos. Ahí encontré entre letras un mundo de asombro. Encontre la historia, los mapas, los números, las reglas y saber que esta "tierra nueva", tenía una bandera del color del cielo! Ahí, entre pizarrón y tizas encontré el amor. Una niña criolla de cabellos negros. Amor de niño, mi primer amor, ¿quien no los tubo?

Un dia lo escuche a mi padre, hablar de lo mío:

-Aunque es muy joven el debe saberlo. El vientre de una criolla no da judios. Eso que lo vaya sabiendo. Quiero una boda judia. Como en mi pueblo. Como nosotros

Era la primera vez que me sentí muy triste. Virginia era hermosa, de padres muy buenos, y como ellos, ella también es buena. No puedo equivocarme. Mi padre sabra comprender, lo se.. estoy seguro!

Un día, papá regresó del Pueblo. Lo vimos sonriente, feliz de alegría. Había pasado por el correo y traía una carta. Buenas noticias. La leyó de memoria mirandonos a mamá y a mi:

-"Dentro de una semana, llega Aaron, mi hermano"

Todo fue alegria. Papá estiró un alero al viejo rancho, cortó las malezas. Mamá, cocinó dos días seguidos. Querían halagar a nuestro tío llegado de Europa. Querían demostrar que esta "nueva tierra" les había dado felicidad y bienestar. Que no estaban equivocados cuando un día cruzaron los mares!

La vieja Estacion Palacios era el punto de llegada. Era el final de las penas y el comienzo de una nueva vida para muchos! Era madrugada, el frío, no impedía que papá estubiera esperando aún faltando horas para llegar el tren. Su mirada se perdía muy lejos, esperando esa pequeña luz que entre dos vías fuera creciendo, que llegara pronto. Y fue asi.

Un largo silbato anunció la llegada. Papá se adelantó unos pasos. Mamá me tomó del hombro, y vimos entre el vapor y el humo, una figura alta. Una maleta en cada mano y de pronto un grito de "hermano" se perdió en la noche. Un grito un abrazo interminable. Y palabras sueltas regadas por lágrimas felices. Esas que llegan cuando uno quiere! No me cansaba de mirar a tío Isacc. Lo veía distinto a mi padre. Su vestimenta era diferente. ¿Quién sabe?, tal vez papa se vistió igual. Ahora usaba ropa de gaucho. Segun Don Sosa eran "justitas para montar el zaino"! Un reloj y una larga cadena colgaba de su cinto, me gustaba el ruido al abrirlo, su modo refinado, al tomar la sopa, era un detalle que aún conservo.

Se pasaban horas hablando del Pueblo. Papá esta feliz. Solo lo vi llorar cuando preguntó por sus padres y sus hermanos, Isacc. Le habló con tono muy bajo. Le contó de un tren, de un campo siniestro y cosas que por el llanto de papáa no pude escuchar.

Otra cosa que entristecio a papá, fue cuando el tio agradecio la hospitalidad, pero solo aceptaba esa noche. Después se iría hasta el pueblo a buscar lugar. Tenía otras intenciones. Aun no lo sabia, pero no era el campo su atracción. El tiempo me dio la razon!

Mamá, estaba terminando su ajetreado día. Había preparado el mate para esperar a papá. Ese día, habían estado hablando debajo del árbol. Le mostraba el campo, sus ademanes hablaban de un campo extendido hasta alla muy lejos. Se agachaba como diciendo "el trigo esta así, pero aún le falta". Papá no llegaba. Y no llego nunca. Estaba sentado en ese viejo arbol, su mano caída abrazaba su vieja armónica. Estaba en el suelo, como testigo del último soplo de mi querido padre. Papá había muerto feliz, lo se!

Isacc, mi tío, era respetado en el Pueblo. Su imagen de hombre de negocios, le daban altura. Por pedido de mamá se hizo cargo del campo. Nos reunió a los dos y nos hizo saber que tenía nuevas ideas para mejorar lo nuestro. No solo el trigo era bueno, tambien el ganado. Y mirando a mis ojos, me dijo:

-"David, te falta muy poco para decidir tu vida. Hacen falta veterinarios para esta tierras. Y tu lo serás"

Lo miré asombrado, pero con gusto. Era la primera vez que me decían"lo serás". Me daba seguridad. Mi autoestima esta en el cielo!

A caballos recorrimos el campo. De su imagen de extranjero, solo quedaba el reloj con cadena que colgaba de su nueva rastra. Y entre charla y charla, encendiendo un cigarro, me preguntó por Virginia. Le conté de ella, de su belleza, de su bondad. Y dejé para lo último la diferencia religiosa que según papa, era imposible !! Isacc dio un par de pitadas, acercó el tobiano, me miró a los ojos y con voz muy firme me dijo:

-David, el amor, no conoce religiones. Si Ud, la quiere, si Ud la ama, y si ella es buena, todo es posible.

Lo miré agradecido por sus palabras. Era el permiso que esperaba. "Taconié" el caballo y entre gritos locos me perdí en el campo. El viejo rebenque de Don Cantalicio estaba con vida. Lo elevé en el aire agradeciendo al cielo. Ahora sí, a estudiar contento. Sería el "veterinario" de la "nueva tierra"! Otra vez el tren. Otra vez Palacios. Otra vez las vías que traen un sueño. Igual que Maria y su amado Marcos o el tio Isacc o quén sabe cuantos. Pero esta, era una llegada distinta. Tenía el premio de tanto sacrificio. Era un Veterinario, palabra rara para aquellos tiempos. Estudiar no fue nada, vivir lejos fue lo dificil. Pero ahora, cuando el tren se detenga.. abrazaré a mi madre. Agradeceré a mi tío, y buscaré a Virginia.

Que equivocado estaba. Ahí, entre los vapores del viejo tren de la ilusión. Ahí, en esa vieja estación eran tres las figuras que se recortaban en la madrugada. Era mama Maria, tío Isacc y Virginia,"mi princesita". Con brazos abiertos me daban bienvenidas! Ahora sí daré las gracias al Dios de esta tierra, por ser bondadozo, por recibirnos sin nada, por darnos de todo y la abonaré algun dia, igual que mis padres. Como Cantalicio Sosa, o como muchos que llegaron de otros Pueblos, que trabajaron, amaron, parieron sus hijos, y hoy descansan aqui... en La Nueva Tierra..!!!

Un fuerte abrazo.. desde Barcelona..!!

Ernesto!!

 

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